jueves 9 de junio de 2011

Setenta


Os la voy a meter hasta el fondo. Entera. Y de este tamaño. Calculo que serán unos sesenta centímetros. ¡Qué digo! Setenta. Sentaos, queridos. Uno a mi izquierda y el otro a mi derecha. Veamos... ¿qué nos ocupa hoy? La reforma de la negociación colectiva que aprobará mañana el Consejo de Ministros y, sobre todo, la sonora ruptura de las negociaciones para pactar dicha reforma entre nosotros y los grupos sindicales.
Veamos... Que los sindicatos se nos suben al cogote, les metemos un pollazo de este tamaño. Que el gobierno propone medidas para favorecer los derechos de los trabajadores, les volvemos a meter un pollazo de este tamaño. Que los interlocutores sociales ofertan soluciones para regular la mediación en los conflictos laborales, la sacamos y la volvemos a meter hasta sus entrañas. Que los grupos izquierdistas desean llevar al Parlamento alguna proposición de ley que favorezca al empleado en detrimento del colectivo empresarial que represento, de nuevo un rabo por el ojete a cada uno de ellos.
Insisto, son más o menos setenta centímetros de carne prieta por el culo. Esta es nuestra gran receta para salir de la crisis. Mucho nabo, mucho nabo eh, eh. Mucho nabo, mucho nabo.

Foto publicada en la sección de Economía de EL PAÍS (9.6.11)

miércoles 1 de junio de 2011

Aserejé


Mira lo que se avecina a la vuelta de la esquina, viene Diego rumbeando, con la luna en las pupilas, y su traje agua marina, van restos de contrabando, y donde más no cabe un alma, allí mete a darse caña, poseído por el ritmo ragatanga, y el dj que lo conoce toca el himno de las 12, para Diego la canción más deseada, y la baila!!! y la goza!! y la cantaaaaaaaa!!! Aserejé ja de je de jebe tu de jebere seibiunouva majavib an de bugui an de güididípi, Aserejé ja de je de jebe tu de jebere seibiunouva majavi, an de bugui an de güididípi Aserejé ja de je, de jebe tu de jebere seibiunouva majavi an de bugui an de güididípi...

martes 24 de mayo de 2011

La cotidianidad, a la derecha


Trato de sobreponerme al impacto que me ha supuesto la fotografía de portada que abre hoy la edición en papel del diario La Vanguardia. Formalmente la imagen fue tomada en pleno recuento electoral en el hotel Majestic de Barcelona donde tradicionalmente se reúne la cúpula de CiU, tras alguna llamada a las urnas, para festejar las victorias y lamerse las heridas de las derrotas.
Tanta es la información visual que ofrece la imagen, que he decidido seguir el orden en el que escribimos (árabes aparte): de izquierda a derecha.
Sobre la pantalla del televisor, la cara desencajada de Jordi Hereu, candidato saliente, deja claro que las cosas no pintan nada bien a pesar de que el cartel sobreimpresionado indica que aún queda margen para la recuperación. Jordi, que lleva muchos años en el ajo, lo sabe y saluda a los suyos, con una mueca de desapego y una dosis elevada de derrota en su cara.
Nada nuevo bajo el sol sino fuera porque aquí, en el otro lado de la pantalla, otro Jordi, algo más enjuto y entrado en años, adopta la posición del pistolero y sigue con atención la evolución de su discurso. Miro su cara e incluso encuentro cierto aire de complacencia.
Pero la escena tiene otros muchos elementos que convierten la foto en un cuadro renacentista. Sobre una moqueta granate se agolpan infinidad de personajes en el lado derecho. Un ruido pictórico que puede tener una lectura subliminal: ahí, en la derecha, están los nuevos electores. Vamos, el nuevo espectro político. Todos juntos, en un hotel de lujo del centro de Barcelona, frente a la soledad catódica de Jordi Hereu. Cada uno a lo suyo. Xavier Trias en el suelo, como si se le hubiera pegado algo de las manifestaciones del 15-M pero en versión droite divine. Creo percibir que ha cerrado los ojos. Inicialmente he pensado que dormía pero al ver que aún mantiene su móvil en la mano me inclino por pensar que simplemente sueña (desconozco el contenido de sus fantasías oníricas). Junto a él, la cotidianidad. A saber, una señora se recoge el pelo, otra mantiene el bolso en la mano como si estuviera a punto de largarse y el señor del fondo estira el cuello con el deseo tácito de salir en la foto.
Quien sabe, luego, tal vez se quedaron todos a ver alguna edición de Sálvame o Supervivientes.

jueves 24 de marzo de 2011

Hoy Soy Taylor


Aquí en España también podemos estar orgullosos de tener un Taylor. Apostaría, de hecho, a que en un ranking de famosetes patrios del nuevo siglo resultaría tanto o más popular que Isabelita.
Nuestro Taylor en concreto se hizo famoso por hacer trajes a un presidente corrupto. Un tal Francisco Camps, que en Estados Unidos sonaría algo así como Frank Fields.
Nuestro Taylor, sin embargo, no ha hecho películas, ni se ha metido nunca en la piel de Cleopatra. Probablemente no haya figurado de extra ni en un anuncio de Zumosol.
Nuestro Taylor no se ha casado ocho veces. Ni se desplaza en limousina. No ha sido amigo íntimo de Michael Jackson ni ha trabajado con Montgomery Clift o con Ava Gardner. Pero, joder, nuestro Taylor, que tiene nombre de torero, los tuvo bien puestos cuando decidió plantarle cara a Fields y denunciarle por no haber pagado la media docena de trajes que se llevo a casa por la jeta. By the face, vamos.
Nuestro Taylor se dedicaba a confeccionar trajes, que en inglés se llaman jackets. Y lo hacía, como cualquier hijo de vecino, para ganarse la vida, que en inglés no se dice "to win the life" pero que yo lo pongo porque me sale de los cataplines.
A nuestro Taylor, la plana mayor del PP (que en Estados Unidos se escribiría igual -PP- y que tendría entre su electorado a gente tan derechona y carca como aquí) le ha tildado siempre de mentiroso y de inventarse toda la historia de los jackets. Y él ha tenido que aguantar el chaparrón. Es decir, the hard rain.
A nuestro Taylor, que tiene un enorme bigote en vez de glamour y lleva gafas de pasta en vez de joyas de Tiffany´s, lo despidieron de su trabajo por destapar un caso de corrupción.
Es cierto, a nuestro Taylor nadie le conoce al otro lado de los Pirineos pero, ahora que la gran (y a la vez retaca) Liz se ha ido a vivir con los gusanos para siempre, quería rendirle un pequeño tributo.
Hoy salgo a la calle en americana. Lo juro. Y así, de una tacada, homenajeo a los dos Taylors.

jueves 17 de marzo de 2011

Isótopo


Dice mi amigo Pepe que si llega la radiación a España, vete tú a saber porqué coño, a lo mejor nos salen cuatro pollas como cuatro soles. Eso sí que es ser positivo.
Lo que no ha especificado es si los cuatro cipotes surgirán como setas en primavera, uno al lado del otro. O, por el contrario, florecerán en distintas partes del cuerpo. Y aunque la pregunta os pueda parecer una tontería tiene su miga.
Si los jodidos isótopos se comportan (dentro de lo que pueden suponer que te chuten una dosis involuntaria de radiación), lo normal es que cada uno de estos rabos te salgan uno junto al otro. Las ventajas son evidentes: basta con que te compres dos tallas más de calzoncillos para guardar el original y sus tres cachorros. Y el resto es un coser y cantar ( un joder y cantar, para ser algo más exactos).
Si, en cambio, los isótopos tienen el día guasón, a lo mejor te ubican cada una de las nuevas pollas en distintas partes del cuerpo. Y eso, amigo, ya es bastante más jodido. Porque salir a la calle con un nabo en la frente ya es una putada pero salir con ese mismo nabo en la frente pero en erección suena ya a cachondeo.
Y luego están los que se darán con un canto en los dientes para que les nazca uno de esos pollazos en el culo. Cuestión de preferencias.
Yo apuesto por que el que ya tengo no se me acabe cayendo. Porque con esto de los isótopos nunca se sabe. Esto es como si les pides a los Reyes Magos la PlayStation y te traen, básicamente por joder, un libro de Mari Pau Janer. Por ahí no paso.
Lo dicho. Que mejor sería que cerraran las centrales operativas en España y en Francia (es que tenemos a los gabachos a tiro de piedra) porque más vale cipote en mano que cuatro follando.

miércoles 23 de febrero de 2011

Muamar El Gadafi


No voy a entrar en el fondo del personaje porque ya se ha escrito demasiado sobre este tirano de medio pelo. Prefiero centrar mis esfuerzos en desmenuzar a este ninot fallero, escarbando en su exterior. Por eso he buscado una foto (ésta que tenéis a la izquierda) que le defina lo mejor posible. Vale, os dejo medio minuto de tiempo para que os descojoneis a gusto.
(...........)
Volvamos a nuestro sujeto. De entrada, con tanta pasta robada a su pueblo no sé muy bien porqué no es capaz de gastarse diez euros en un peluquero como dios manda. Vale que le quedan cuatro pelos, pero hay formas y formas.
La vestimenta es lo que más sorprende. En esa chaqueta tamaño XXL caben dos tiranos como él. Tal vez haya optado por una americana tan amplia para simular una grandeza que no tiene. Nos ha jodido, el puto dictador: se pone el disfraz de la guerra y además le viene grande (yo lo veo como una metáfora cruel de su propio cargo: también le queda grande).
A su izquierda, una veintena de chapas de colores del todo a cien que, supuestamente, se refieren a sus logros militares. Son pequeños cuadrados de quita y pon que tanto valen para una cena de gala con Silvio Berlusconi como para despachar asuntos de Estado mientras alguna fulana le chupa el nardo.
Lo de la derecha de su chaqueta me tiene absolutamente alucinado. Esa fotografía de entreguerras enganchada con celofán a su solapa me recuerda al mismo televisor desde el que acaba de anunciar que "morirá como un mártir" y desde donde ha definido a sus opositores como "ratas a las que hay que buscar casa por casa hasta aniquilar". Basta con apretar alguno de los botoncitos de la derecha para cambiar de canal y ver en cualquiera de ellos la misma imagen: a un individuo de pelo lacio y mostacho mugriento vociferando a todas horas.
Su posición frente a la cámara del fotógrafo merece un capítulo aparte. No se sabe muy bien si esa mano oculta entre los botones de la americana aguanta el mango de un revolver o comprueba si algún traidor le ha robado la cartera. Nunca lo sabremos porque la única persona que nos podría haber sacado de dudas es el fotógrafo que inmortalizó al tirano calzonazos. Y, visto cómo mira al objetivo de la cámara, os aseguro que este profesional de la instantánea es ahora mismo un fiambre (no porque a Muamar no le haya gustado el retrato sino porque me resulta imposible pensar que al fotógrafo no se le escapase alguna carcajada durante la sesión fotográfica). Y eso no hay tirano en el mundo que lo perdone.
Así son los dictadores. Tan imprevisibles como mezquinos.

La cara A: hoysoytu ( hoy soy Gadafi)

viernes 11 de febrero de 2011

José Carnero


Cinco minutos de gloria. Nos ha jodio el listillo. Te voy a hablar yo de mis putos cinco minutos de gloria.
Si un becario con aires de gran reportero me pone un día un micrófono y me concede no cinco sino dos minutos de su precioso tiempo, le contaré que estoy hasta la punta del cipote de no ser todo lo feliz que me gustaría. Le explicaré, aunque luego lo edite y mis declaraciones se queden en 30 segundos, que llevo demasiado tiempo con el corazón malherido. Le gritaré que mi otro corazón, el que bombea poco a poco, estará como un roble porque aún le queda mucha caña.
Le diré, aunque no quiera escucharme, que yo no la maté porque en el fondo la quiero. "No hay pruebas", añadiré, "Pero quererla, la quiero".
Y apuraré esos escasos minutos de gloria para decirle a todos que ahí está Carmona. Y Ferni. Y Pepe e Iñigo. Que ahí hay gente.
Seré yo el que le grite al periodista que cada uno de nosotros tiene toda una vida entera de gloria. Esos cinco minutos son, en verdad, una excusa canalla para contar aquello que no nos hemos atrevido a decir las 23 horas y 55 minutos restantes del día.
Poned la jodida grabadora en marcha. Que me pongo a hablar....